MONJES DEL OPUS DEI
Antes de continuar, aclaremos un grave error. Silas, nuestro enorme albino asesino, aparece descrito como un «monje», y para demostrarlo viste hábito.
En el Opus Dei no hay «monjes».
En primer lugar, no es una orden religiosa como los dominicos, benedictinos o los jesuitas. Cualquier monje que te encuentres por las calles de Roma pertenece a una orden religiosa y vive en monasterios o ermitas.
Un «monje» es un hombre que se retira de la sociedad con objeto de entregarse a Dios a través de la oración. Las mujeres que adoptan el tipo de vida monástica se llaman «monjas».
El Opus Dei es una prelatura personal compuesta por laicos y sacerdotes. En el Opus Dei hay muchos más miembros seculares que clérigos, de acuerdo con el designio divino de su fundación en 1928. Solamente quince años después, se creó la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, que permitió la ordenación de sacerdotes en el Opus Dei.
El fundador del Opus Dei fue Josemaría Escrivá de Balaguer, un sacerdote español. Fundó esta institución como medio de que los fieles vivieran su personal llamada a la santidad en medio del mundo, creciendo en amor a Dios y a los demás. El libro más conocido de Josemaría Escrivá, en el que se pueden encontrar algunos aspectos del espíritu del Opus Dei, se titula Camino. Existen también otras obras del fundador del Opus Dei, como Es Cristo que pasa, de la que incluimos el párrafo siguiente:
«Jesús, creciendo y viviendo como uno de nosotros, nos revela que la existencia humana, el quehacer corriente y ordinario, tiene un sentido divino. Por mucho que hayamos considerado estas verdades, debemos llenarnos siempre de admiración al pensar en los treinta años de oscuridad, que constituyen la mayor parte del paso de Jesús entre sus hermanos los hombres. Años de sombra, pero para nosotros claros como la luz del sol. Mejor, resplandor que ilumina nuestros días y les da una auténtica proyección, porque somos cristianos corrientes, que llevamos una vida ordinaria, igual a la de tantos millones de personas en los más diversos lugares del mundo».
Este pasaje resume acertadamente el espíritu del Opus Dei y sirve también para aclarar las ideas de aquellos a los que Brown ha convencido de que el cristianismo tradicional ignoraba la naturaleza humana de Jesús y las realidades de la vida humana.
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