JESUCRISTO ES EL CENTRO DEL PROBLEMA

He escrito este blog para ayudar a los lectores a revisar muchos de los interesantes temas que surgen en El Código Da Vinci.
En el centro de estos temas aparece uno que no es un tema, sino que es una persona: Jesús de Nazaret. Estoy convencida de que el motivo de que muchos de los nuestros hayan aceptado las afirmaciones de El Código Da Vinci con tanta credulidad se debe a que no hemos intentado tratar de conocer seriamente a Jesús. Tanto si vamos a la Iglesia como si no, nos hemos mantenido a distancia de Él, dejando que sean los demás quienes nos digan lo que hemos de pensar, sin molestarnos en leer ni un solo Evangelio desde el principio hasta el fin. Y, en consecuencia, asumimos la conclusión, tan común en nuestra cultura, de que, en cualquier caso, se trata de un tema opinable, sin una auténtica seguridad en el fondo.
Pues bien, como aclaran brillantemente los testimonios de los primeros apóstoles, no se trata de opiniones, de mitos o de metáforas. Pedro, Pablo y, sí, María Magdalena no dieron sus vidas a una metáfora. Conocieron a Jesús como ser humano y misteriosamente, gloriosamente, como algo más, y le entregaron sus vidas literalmente, unas vidas en plenitud de la gracia que les invadía.
Cualquier efecto negativo de El Código Da Vinci se debe al hecho de que, con todo lo que dice sobre Jesús y su esposa, lo «sagrado femenino» y todas las especulaciones sobre la «historia real»... se ha perdido la Historia Real.
Jesús, crucificado, muerto y resucitado, el Único cuya auténtica muerte y resurrección nos ha liberado del poder de nuestros pecados reales y de la muerte reconciliando a la creación con Dios.
Insisto: esta historia se ha perdido realmente. No es un secreto, sin embargo, y no hay nada que nos impida encontrarla.
¿Curiosidad sobre Jesús?
La verdad la tienes tan próxima como un libro de tu propiedad.
Y no, no es El Código Da Vinci.