CONSTANTINO

Constantino (aproximadamente. del 272 al 337 d.C.) inició su reinado como emperador romano en el 306 d.C. y asentó su poder en el 312 d.C. al vencer a un rival en la famosa batalla de Puente Milvio, en la que se sintió fortalecido e inspirado por una visión que consideró cristiana.
No está claro lo que Constantino vio ni cuándo (si antes de esta batalla o después de alguna otra). Algunas versiones dicen que se trató de «chi-ro», las letras griegas «x» y «r» combinadas, que son las dos primeras letras de Cristo «X????ç». Otros relatos dicen que fue una cruz.
Hasta ese momento, la práctica de la doctrina cristiana era esencialmente ilegal en el Imperio Romano y de hecho, solo unos años antes (303 a 305 d.C.), los cristianos habían sufrido una persecución especialmente despiadada en todo el Imperio bajo el reinado de Diocleciano.
(Sería oportuno detenemos aquí y preguntamos el motivo de que el Imperio Romano encarcelara y torturara a los que permanecían fieles a un maestro sabio, si Jesús no era más que eso. Y ¿por qué habían de ser una amenaza para el Imperio los seguidores de aquel maestro sabio? En el Imperio abundaban los sistemas y las escuelas filosóficas. No estaban perseguidas. ¿Por qué lo era el cristianismo?).
Por alguna razón –quizá una tenue luz de la verdadera fe, la presencia de cristianos en su propia familia o alguna misteriosa estrategia política–, una de las primeras actuaciones de Constantino fue la de publicar un edicto de tolerancia del cristianismo, que daba fin a las persecuciones al menos por el momento.
Es cierto que durante su reinado, Constantino amplió no solo la tolerancia, sino sus preferencias por el cristianismo. Los motivos no están claros. Deseaba unificar el Imperio, seriamente agitado durante un siglo por las divisiones y los continuos conflictos. Ciertamente, la religión representaba un instrumento en aquel proyecto, y, quizá, él detectaba la fuerza del cristianismo y el declive del poder tradicional de la religión romana. Quizá influyeron los pensadores cristianos que tenían acceso a él, y posiblemente alguien de su propia familia, pero parece que finalmente, Constantino decidió hacer del cristianismo la única fuerza unitiva.
Todo ello resulta muy extraño para nosotros, acostumbrados como estamos a la separación entre la Iglesia y el Estado, una situación que sencillamente, no existía en el mundo antiguo ni en ninguna cultura. Cualquier Estado se sabía apoyado en cierto modo por el favor divino, con la subsiguiente responsabilidad de apoyar, a su vez, a las instituciones religiosas. Hasta Constantino, aquellas instituciones habían sido los templos de los dioses romanos. Cuando Constantino cambió de opinión y apoyó a la cristiandad, asumió, naturalmente, la misma actitud respecto a las instituciones cristianas, financiando la construcción de templos e interviniendo en los asuntos de la Iglesia de un modo hoy sorprendente para nosotros.